La contribución de Darwin

La principal contribución de Darwin a la ciencia es que completó la Revolución Copernicana extrayendo para la biología la noción de la naturaleza como un sistema de materia en movimiento gobernada por leyes naturales. Con el descubrimiento de Darwin de la selección natural, el origen y adaptación de los organismos fue traído al reino de la ciencia. Ahora podemos explicar las características adaptivas de los organismos, como los fenómenos del mundo inanimado, por resultado de los procesos naturales, sin el recurso de un Diseñador Inteligente. Las revoluciones Copernicanas y Darwinianas pueden verse como dos etapas de una Revolución Científica. En conjunto marcan el comienzo de la ciencia en el sentido moderno: Explicación a través de las leyes naturales. La teoría de Darwin de la selección natural explica el “diseño” de los organismos y para su maravillosa diversidad, como resultado de los procesos naturales, la acumulación gradual de variaciones surgidas espontáneamente (Mutaciones) resueltas por la selección natural. ¿Cuáles características serán seleccionadas? Depende de las variaciones que se presentarán en un lugar en un tiempo dado. Claro que esto depende de un proceso aleatorio de mutaciones así como de la historia previa de los organismos. La mutación y selección en conjunto, han gestionado el maravilloso proceso que, inició con organismos microscopios y ha llegado hasta plantas, aves, seres humanos y demás criaturas que nos maravillan día con día. La Teoría de la Evolución converge la oportunidad y la necesidad, azar y determinismo, enredado en forma conjunta en la materia de la vida. Éste fue el descubrimiento fundamental de Darwin, que hay un proceso que es creativo, aunque no es consiente.

Hay una versión de la Historia de las Ideas que observa un paralelo entre las revoluciones Copernicana y Darwiniana. Desde este punto de vista, la Revolución Copernicana consistió en desplazar a la Tierra desde su previamente aceptado lugar geométrico como centro del Universo y moviéndola hacia un lugar ‘subordinado’ como un planeta más orbitando alrededor del Sol. De manera análoga, la Revolución Darwiniana consiste en el desplazamiento de la especie humana de su exaltada posición como centro de la vida terrestre con todas las especies creadas para el servicio de la humanidad. De acuerdo a esta versión de historia intelectual, Copérnico realizó esta revolución con la Teoría Heliocéntrica del Sistema Solar, mientras que Darwin lo hizo con la Teoría de la Evolución Orgánica.

Lo que esta versión de las dos revoluciones dice es correcto, más insuficiente, puesto que descuida u olvida lo que es más importante acerca de estas dos revoluciones intelectuales, que en conjunto, marcan el inicio de la ciencia en el sentido moderno de la palabra.

La Revolución Copernicana fue iniciada con la publicación en 1543, año de la muerte de Nicolás Copérnico (Nicolaus Copernicus) de su De revolutionibus orbium celestium, y floreció con la publicación en 1867 de Philoophiae naturalis principia mathematica de Isaac Newton. Los descubrimiento de Copérnico, Kepler, Galileo, Newton y otros, en los siglos XVI y XVII, gradualmente marcan el comienzo de una concepción del Universo como materia en movimiento gobernada por leyes naturales. Se demostró que la Tierra no es el centro del Universo sino un pequeño planeta que orbita alrededor de una estrella promedio, que el Universo es inmenso en tiempo y espacio, y que el movimiento de los planetas alrededor del Sol puede ser explicado por las mismas leyes simples del movimiento para los objetos físicos en nuestro planeta.

Estos y otros descubrimientos expandieron el conocimiento humano. Esta revolución conceptual nos proporcionó algo más básico aún: La entrega del postulado de que el Universo obedece leyes inmanentes que consideran los fenómenos naturales. El funcionamiento del Universo fue introducido en el reino de la ciencia: Se explica a través de leyes naturales. Todos los fenómenos naturales pueden ser explicados dado que con el tiempo, se pueden conocer las causas.

Los avances de la Física, ocasionados por la Revolución Copernicana han impulsado la concepción humana del Universo, que ha persistido desde el siglo XIX. Las explicaciones científicas, derivadas de las leyes naturales, dominan el mundo de la materia viva e inerte, tanto en la Tierra como en “el cielo”. Sin embargo, las explicaciones sobrenaturales, las cuales dependen de los hechos insondables de un “Diseñador”, siguen siendo aceptadas como explicación del origen y configuración de las criaturas vivas. Autores como William Paley argumentan que el diseño complejo de los organismos no puede provenir por las leyes de la física, química o biología, sino que debe haber sido realizado por un “Diseñador Inteligente”, al igual que la complejidad para mostrarnos la hora, por un relojero inteligente.

Fue el genio de Darwin el que resolvió esta esquizofrenia conceptual. Darwin completó la Revolución Copernicana extrayendo para la biología la noción de la naturaleza como un sistema ‘legal’ de materia en movimiento que el humano puede explicar de manera racional sin el recurso de agencias sobrenaturales. El enigma que enfrentó Darwin difícilmente puede ser sobreestimado. La fortaleza del ‘argumento del diseño’ para demostrar que una entidad creó todo había sido establecida y reforzada aún más, de manera sucesiva por filósofos y teólogos. Donde se observara una función, se detectaba un diseño, y en consecuencia, un autor. Fue un gran logro de Darwin demostrar que la compleja organización y funcionalidad de los seres vivientes puede ser explicada como resultado de procesos naturales (Selección natural) sin la necesidad de recurrir a entidades externas, de ningún tipo. El origen y adaptación de los organismos, así como su profusión y maravillosas variaciones, fueron traídas al reino de la ciencia, como ya se había mencionado.

Darwin aceptó que los organismos están “Diseñados” para ciertos propósitos, esto es, están funcionalmente organizados. Los organismos se adaptan a ciertas formas de vivir y sus partes están adaptadas para desempeñar ciertas funciones. Los peces están adaptados para vivir en el agua, los riñones regulan la composición de la sangre, y la mano humana puede asir. Si, Darwin fue más allá de la simplista explicación del diseño. Los aspectos, aparentemente con propósito de los seres vivos, ahora pueden explicarse al igual que los fenómenos del mundo inanimado, por el método científico, siendo el resultado de las leyes naturales manifestándose en los procesos naturales.

Darwin ocupa un lugar exaltado en la historia del pensamiento moderno, recibiendo el crédito que merece por la Teoría de la Evolución. En el Origen de las Especies, publicado en 1859, trazó la evidencia que demostraba la evolución de los organismos. Darwin en sí, no utilizó el término “Evolución”, el cual no tenía el significado actual, pero se refirió a la evolución de los organismos con la expresión “Descendientes comunes con modificaciones” y otras similares. Sin embargo, Darwin logró algo mucho más importante para a historia intelectual que demostrar la evolución. De hecho, la evidencia acumulativa para la descendencia común con la diversificación bien puede quedar como un objetivo secundario de la obra maestra de Darwin. El Origen de las Especies de Darwin es, primero y ante todo, un esfuerzo sostenido para resolver el problema de como contabilizar científicamente el diseño de los organismos. Darwin buscó la explicación del diseño de los organismos, su complejidad, diversidad y maravillosos artificios, como resultado del proceso natural.

Referencias:

Legado y Trascendencia de las Ideas Evolutivas de Charles Darwin

Jorge Martínez Martínez

El Origen de las Especies

Charles Darwin

Charles Darwin and The Origin of Species

Keith A. Francis

Natural Theology

William Paley

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